El teatro que, sin querer, casi acabó con el catolicismo

Jesucristo se rebotó, corona de espinas en la cabeza, para repartir tortazos a derecha e izquierda, sin piedad. En el pueblo de Atella, de 3800 habitantes, en la región sureña italiana de Basilicata, hasta un blasfemo ha llegado a conseguir el papel de hijo de Dios en la Via Crucis. Ese año, la calle protestaba: “¿Cómo puede ser?”, gritaban. Nadie pensaba, pero, que se le acabaría la paciencia.

“Esta procesión es un teatro con tema religioso”, afirma Benedetto Carlucci, periodista y fundador de esta procesión de Jueves Santo en 1967. Hasta entonces, ningún pueblo de la región se había planteado convertir la religión en puro teatro, aunque la obligación de confesarse antes de hacerla no dejaba de tener un punto importante de formalidad religiosa. Continua llegint

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Nomadelfia: El cielo en la Tierra

La debilidad humana por molestar es eterna y universal.

Un niño de 14 años, con media sonrisa esbozada en los labios, enfoca con el mando a distancia la pantalla del televisor, y lo apaga. Los ancianos que miran el telediario se miran extrañados entre sí y uno de ellos se levanta para volverlo a encender de nuevo. Así, repetidas veces, ante las risas contenidas de los hermanos.

– No somos perfectos, también hacemos cosas mal -, admite con cierto pudor uno de los padres de familia, mientras insta al hijo a parar con la broma.

La utopía se ha caído del cuarto piso en tan sólo un instante en la pequeña comunidad católica de Nomadelfia, en el sí de la Toscana, donde sus 300 habitantes viven, o intentan vivir, de acuerdo con el Evangelio desde 1947. A pesar de que desde sus 3 años, y cada día a las ocho de la mañana hasta las dos del mediodía, de lunes a viernes, a Giovanni le formen en la “bondad” y le alejen de influencias externas perversas, aún y con un sistema educativo propio consentido a partir del 1968 por el Ministerio de Educación, Giovanni ha apagado el televisor. Y varias veces.

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